I’m sorry amatxu, pero soy escocés

E. tiene casi 19 meses y comienza a decir palabras y frases que para nuestro asombro son mayoritariamente en inglés.  En realidad tampoco debería extrañarnos tanto, ya que habla inglés cuando  está con otros niños o cuando va con la childminder. En casa la situación es un poco más compleja. Mi pareja y yo hablamos inglés entre nosotros, pero cada uno nos dirijimos a E. en nuestro propio idioma; esto es francés y castellano. 

E. parece entender los tres idiomas bastante bien, pero a la hora de hablar es otra cosa. No sólo mezcla los tres, sino que muestra una clara preferencia por el inglés. Ya se que no debería extrañarme pero cuando le oigo decir “What´s this?” o “Look” me parece raro.

La lengua materna no sólo es un vehículo de comunicación, sino también es una cuestión intensamente emocional. Por ejemplo, con mi pareja, me he dado cuenta que el hecho de hablar inglés me ha beneficiado a la hora de no transmitir o proyectar emociones o temores de la infancia o de anteriores relaciones. El hecho de que me diga las mismas cosas pero en otro idioma le quita carga emocional al asunto. Si hablamos sobre cualquier tema y me dice en inglés “no tienes los pies en el suelo”, para mí no es lo mismo que si me lo dice en castellano, ya que  puede recordarme a lo que me decía mi padre o mi madre cuando comentaba que quería estudiar magisterio en vez de derecho ( que no es el caso).

Pero cuando se trata de E. esa falta de carga emocional me molesta y me asusta. De una forma muy irracional que no puedo explicar siento que si su primera lengua no es el castellano, mi relación con él se desdibuja a un cierto nivel. En realidad lo que siento, y aunque parezca una auténtica tontería, es que no me va a querer lo mismo, y que el hecho de que su primera lengua sea el inglés y la mía el castellano nos separa emocionalmente.

La verdad es que no tengo ni idea cómo funciona la cabeza de un niño que está expuesto a tres idiomas, pero me imagino que en algún momento elige uno como el prioritario, y lo más probable es que sea el inglés.

La lengua está asociada a la expresión íntima de emociones, a la construcción de una identidad, que en mi caso es compleja de partida ya que me defino principalmente como vasca, aunque no reniego de lo español ( es decir no creo que sean incompatibles). Mi idioma materno es el castellano, pero en casa siempre he recibido una educación en la que los elementos de la cultura vasca se han cuidado y valorado. Cuando en el colegio se ofreció la posibilidad de estudiar euskera mis padres me apuntaron sin dilación. En casa siempre hemos utlizado muchas palabras y expresiones en euskera que siento  que de alguna manera estoy perdiendo.

No es lo mismo pequeño que txiki, ni cariño que lastana, ni cuidado que kontuz. Esas palabras son más íntimas para mí y están asociadas a otros contextos que E. no vivirá. Indudablemente me da pena.

En casa siempre bromeamos que algún día nos dirá que es escocés, y claro, yo me sentiré rara.  Cuando piensas en tu hijo, al menos como yo he sido educada y como lo ha sido mi pareja, la tradición tiene peso y significado. Los dos nos sentimos muy enraizados en nuestras culturas ( mi pareja es bretón, así que él también tiene lo suyo) y los dos queremos que E. sea una mezcla de los dos, conservando las dos identidades. Mucho me temo que no será posible, y que un día él elegirá el país en el que vivir, la lengua que quiere hablar la mayor parte del tiempo, y la identidad en la que configura y agrupa sus afectos y sus referencias vitales.

Quizás lo que experimento ahora es la facilidad con la que las identidades se desdibujan en un mundo globalizado en el que las fronteras afectivas y territoriales a través del trabajo, pareja o familia devienen movibles y negociables. Personalmente no me siento cómoda, pero supongo que no me queda mucha opción con una pareja francesa y un niño nacido en Escocia.

La cultura y la lengua te dan elementos de referencia, rituales, sentido de pertenencia a una comunidad, cosas que personalmente valoro en gran medida, pero cuando tu identidad tiene que ser negociada con tu pareja, y adaptarse al mismo tiempo a otro país, la opción no es otra que la negociación. Algo así como el Olentzero en navidades y los huevos de chocolate en el jardín por Pascua o Hallowen y los reyes magos. Aunque no lo parezca lleva tiempo elegir todos estos rituales y tradiciones, incluso innovar y decidir algunos propios. Todo esto tiene un sentido para mí, y ese sentido viene marcado por el hecho de que cuando E. venga un día y me diga: “I´m sorry, amatxu, pero soy escocés” ese “ser escocés” integrará elementos bretones, franceses, españoles y vascos, quizás difuminados, transformados, alterados o híbridos, pero que al menos me permitirán contestarle: “ Esta bien lastana,  se lo contamos luego a aita”.

 Natalia

2 responses to “I’m sorry amatxu, pero soy escocés

  1. BLANCA MOLINERO

    Acabo de ver tu Blog, me gusta mucho, he leído tu articulo sobre la mezcla de
    lenguas y sentimientos.
    Tratándose de E. mi sensibilidad es mayor, pero siempre estará cercano a nosotros aunque se exprese en otro idioma.
    Espero que los pensamientos que muestras es este Blog te ayude a entender
    mejor lo que sientes.
    Un abrazo, Blanca

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